Ahora que el Gobierno haitiano ha dado oficialmente por terminada la fase de rescate de supervivientes del terremoto, que se ha saldado con 132 víctimas sacadas con vida de entre los escombros, y 111.481 fallecidos en el seísmo, según ha confirmado Naciones Unidas, es tiempo de reflexión. A lo largo de estos días de imágenes espeluznantes en prensa y televisión hemos permanecido absortos, con la garganta seca ante el dolor, sin saber qué decir, sin reparar en el circo mediático en que se ha convertido el desastre.
A menudo, falta autocrítica entre los profesionales que ejercemos el periodismo. Es probable que alguien me tache de poco o nada corporativista, pero en el tratamiento informativo de hechos como los acaecidos en el país caribeño, NO TODO VALE.
No valen esos primerísimos planos del horror buscando el morbo de la agonía, no vale que menores de edad aparezcan sin el rostro pixelado, no vale la imagen de un hombre caminando por una alfombra de cadáveres, no vale una pala recogiendo muertos como si fueran parte de los escombros…no vale.
No cabe duda que, estos días, se ha atentado contra la dignidad y los derechos fundamentales de miles de ciudadanos haitianos; los fallecidos, los heridos y las familias de unos y otros.
Se imaginan el mismo tratamiento periodístico durante los atentados contra las Torres Gemelas el 11-S o en los trenes del 11-M de Madrid? No, ¿verdad? Entre otras razones, porque en estos dos momentos tan dolorosos, grabados para siempre en nuestras retinas, desde las primeras horas se forjó un pacto silencioso entre los mass media para evitar a las victimas. Se optó por imágenes genéricas, la menor cantidad de sangre posible, porque claro… podía impactar a la sociedad, tan perpleja por lo ocurrido, como ahora con Haití. O si me apuran, en este caso más perpleja todavía por las dimensiones del desastre y la cantidad de víctimas mortales.
No creo que unos muertos sean más importantes que otros. Todos son muertos y todos merecen el respeto de la mayoría. Y éste ha brillado por su ausencia.
Si entramos en el terreno de la ayuda humanitaria, tirón de orejas para la ONU, porque si su intervención antes del terremoto hubiera sido efectiva, durante los años de guerras y dictaduras, hoy probablemente el pueblo de Haití se hubiera enfrentado en otras condiciones a la catástrofe. Es evidente que resultaba imposible evitarlo, pero más infraestructuras, más hospitales, más oportunidades para el país, hubiesen amortiguado el golpe.
La solidaridad es un valor, pero no me gusta la presunción. Siento nauseas al ver a las estrellas de Hollywood y medio planeta subiéndose al carro. ¿Dónde estaban antes de lo sucedido? Hubiera bastado con depositar la ayuda económica en una cuenta bancaria. Pero no, había que salir para contar lo buenos que todos somos. Algo que no se puede justificar apelando al “tirón de los famosos” para atraer el gesto de los ciudadanos de a pie, más cuando las ONGs que trabajan sobre el terreno, desde hace años, ya estaban alertando de las necesidades a las que Haití se enfrentaba antes y después del sismo.
Ahora…meditemos sobre estos aspectos. Pero acordarse del dolor para buscar el golpe de efecto, la noticia con que abrir un informativo o ilustrar una portada, o en el peor de los casos limpiar la conciencia, no creo que sea el mejor camino.
Juan Carlos Ruiz. Periodista y escritor. Cofundador y miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra.
Por CARLOS BRAVERMAN
La tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes, al igual que la esclavitud y el genocidio, son siempre inadmisibles. Este principio quedó establecido hace muchos años y se halla consagrado en el derecho internacional.
Todas las personas tienen derecho a no sufrir tortura ni tratos o castigos crueles, inhumanos o degradantes (“otros malos tratos”), de acuerdo con el artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
El Informe 2008 de Amnistía Internacional revela que 60 años después de la adopción de la Declaración por las Naciones Unidas, hay personas que siguen sufriendo tortura o malos tratos en todo el mundo. El Informe pone de relieve la situación en 81 países, pero también hay casos de tortura y otros malos tratos en muchos otros países.
La organización lleva decenios documentando casos de tortura, incluso en situaciones en que los gobiernos invocaban la amenaza del terrorismo para ocultar o justificar su uso. Pero las acciones que los Estados han emprendido en los últimos años en nombre de la lucha contra el terrorismo amenazan con debilitar el respeto de la prohibición absoluta de la tortura y muestran la necesidad de que se conozca mejor su importancia.
¿Qué es la tortura? ¿Qué son los malos tratos?El elemento principal de la definición de tortura que ofrece la Convención de la ONU contra la Tortura es el acto por el cual se inflige de forma intencionada dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener información o una confesión, de castigar, intimidar o coaccionar a una persona, o por cualquier razón basada en la discriminación.
No siempre es posible ponerse de acuerdo en si una forma concreta de abuso constituye tortura u otros malos tratos, pero una y otros están prohibidos absolutamente en virtud del derecho internacional, incluso en épocas de guerra y otras situaciones de emergencia pública.
El respeto de la prohibición no es sólo una obligación jurídica. La prohibición universal se basa en el consenso internacional de que todo acto de tortura u otros malos tratos es moralmente repugnante, un ataque a la dignidad humana.
El consenso contra la tortura está amenazadoAlgunas medidas que los gobiernos han adoptado como respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001, así como a los ataques o las amenazas de ataques en otros países después de esa fecha, han constituido un grave ataque contra el marco de la protección de los derechos humanos. Los Estados han utilizado la tortura y otros malos tratos y han intentado justificar esa decisión en nombre de la seguridad y conceder impunidad a los responsables.
Algunos han intentado eludir sus obligaciones y su responsabilidad admitiendo que la “tortura” es inaceptable e ilegal, al mismo tiempo que trataban de introducir definiciones de “tortura” y de “tratos crueles, inhumanos o degradantes” de ámbito nacional que excluían técnicas o circunstancias concretas.
El gobierno de Estados Unidos ha estado en primera línea en este ataque contra la prohibición de la tortura y otros malos tratos. Ha sostenido que las normas internacionales de derechos humanos no son de aplicación en el contexto de lo que califica de “guerra” global y casi perpetua, pero ha ignorado selectivamente el hecho de que las leyes de la guerra también prohíben tales abusos. Estos argumentos son rechazados de forma prácticamente universal por otros Estados, tribunales nacionales e internacionales y expertos.
El gobierno de Estados Unidos autoriza la torturaLas fotografías de soldados estadounidenses humillando y aterrorizando a detenidos en Abu Ghraib conmovieron al mundo cuando se publicaron en 2004. Las imágenes se difundieron cuando ya se habían producido numerosas denuncias de tortura y otros malos tratos en relación con centros de detención de Estados Unidos en Afganistán, Irak y Guantánamo.
El escándalo de Abu Ghraib impulsó a altas autoridades estadounidenses a condenar los abusos descubiertos y a poner en marcha investigaciones limitadas y revisiones de las prácticas de detención. Pero estas medidas no se han traducido en la rendición de cuentas de todos los responsables, la reparación para las víctimas ni en medidas adecuadas para impedir que este tipo de violaciones de derechos humanos se repitan en el futuro.
De hecho, sabemos que el gobierno estadounidense ha autorizado métodos de interrogatorio –como posturas en tensión, aislamiento prolongado, privación sensorial y ahogamiento simulado– que constituyen tortura u otros malos tratos en virtud del derecho internacional.
El gobierno de Estados Unidos ha llevado a cabo un programa de "entregas extraordinarias"– traslados de personas sospechosas de actos de terrorismo de un Estado a otro sin el proceso debido, incluso a países donde corren un riesgo real de sufrir tortura y otros malos tratos– y un programa de detención secreta, en virtud del cual los detenidos se han convertido en víctimas de desaparición forzada.
El gobierno estadounidense ha autorizado la tortura y otros malos tratos y se ha reservado el derecho de volver a hacerlo si las “circunstancias” lo justifican. Las leyes, las opiniones jurídicas y las órdenes ejecutivas de Estados Unidos que han facilitado tales prácticas deben ser modificadas o revocadas, y se debe poner fin a la impunidad por los abusos.
Acuerdos con Estados que torturanOtros Estados de todo el mundo han contribuido a debilitar la prohibición internacional de la tortura al tratar de trasladar por la fuerza a detenidos a países donde corren un riesgo real de ser víctimas de tortura.
Los gobiernos de países como Estados Unidos, Austria, Canadá, Alemania, Italia, Reino Unido y Suecia han solicitado y aceptado “garantías diplomáticas” de los Estados receptores de que los detenidos no sufrirán tortura ni otras violaciones graves de derechos humanos.
Estas “garantías” son esencialmente promesas cuyo cumplimiento no se puede exigir y, al aceptarlas, el Estado que envía reconoce de hecho la tortura de otros detenidos en el país receptor. En los casos en que no se ha cumplido la promesa de un trato adecuado, las personas afectadas han sufrido drásticas consecuencias.
En vez de solicitar exenciones para un número reducido de personas, los Estados deben colaborar para garantizar que se pone fin a todo acto de tortura y otros malos tratos. Las garantías diplomáticas deben ser condenadas y abandonadas.
Viejas constantes de represión, nueva retóricaLa tortura y otros malos tratos no son nuevos. Pero, en los países de todo el mundo donde la tortura y otros malos tratos estaban extendidos ya antes de 2001, el nuevo clima de tolerancia hacia tales abusos no puede hacer otra cosa que animar a los gobiernos.
En los últimos cinco años, por ejemplo, las autoridades de Túnez han detenido a cientos, si no miles, de personas sospechosas de delitos relacionados con el terrorismo. Muchas han sido torturadas y han sufrido otras clases de malos tratos, se las ha recluido en régimen de incomunicación y se las ha hecho desaparecer. A algunas las han condenado, después de juicios sin garantías, a largas penas de prisión o incluso a muerte.
En el contexto de la campaña militar en Pakistán contra Al Qaeda y los talibanes, se ha detenido arbitrariamente y sometido a desaparición forzada a miles de personas, tanto paquistaníes como de otras nacionalidades.
La tortura no proporciona seguridadEn el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las Naciones Unidas, así como en otras muchas organizaciones internacionales, los propios Estados han reconocido que, si bien todos los gobiernos tienen el deber de proteger a su población de ataques violentos, deben respetar plenamente las obligaciones que han contraído en materia de derechos humanos al tiempo que ejercen su labor de protección.
La verdadera seguridad sólo se puede lograr fortaleciendo el marco de los derechos humanos, no menoscabándolo mediante el recurso a prácticas ilegítimas como la tortura.
La tortura y otros malos tratos:
* ... son inadmisibles siempre, con independencia de lo que se crea que la persona sospechosa sabe o ha hecho;* … están absolutamente prohibidos por el derecho internacional;* ... no son fiables como técnicas de interrogatorio;* … se propagan y, cuando se autorizan, jamás se recurre a ellos “sólo por una vez”;* … corroen el Estado de derecho y menoscaban el sistema de justicia penal;* … no nos proporcionan más seguridad;* … NO PUEDEN JUSTIFICARSE JAMÁS.
¿Qué tiene que suceder?Tdos los Estados deben:
* condenar todas las formas de tortura y otros malos tratos y denunciar a los gobiernos que cometen tales abusos, son cómplices en ellos o no hacen nada para impedirlos;* prevenir estas prácticas;* poner a disposición de la justicia a los responsables de autorizar e infligir tortura y otros malos tratos;* garantizar que no se recurre a la información obtenida mediante tortura u otros malos tratos como prueba en ningún procedimiento, excepto contra las personas acusadas de abusos como prueba de los abusos. CARLOS BRAVERMAN TIENE SU BLOG PARTICULAR DONDE SE PUEDEN LEER MUCHOAS MÁS ARTÍCULOS. SI QUIERES ACCEDER PULSA AQUI.
