Por Leonardo Boff, Teólogo.
El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz ha dicho recientemente: «el legado de la crisis económico-financiera será un gran debate de ideas sobre el futuro de la Tierra». Concuerdo plenamente con él. Veo que el gran debate será en torno a las dos cosmologías presentes y en conflicto en el escenario de la historia.
Por cosmología entendemos la visión del mundo —cosmovisión— que subyace a las ideas, a las prácticas, a los hábitos y a los sueños de una sociedad. Cada cultura posee su respectiva cosmología. Mediante ella se procura explicar el origen, la evolución y el propósito del universo, y definir el lugar del ser humano dentro de él.
La nuestra actual es la cosmología de la conquista, de la dominación y de la explotación del mundo, con vistas al progreso y al crecimiento ilimitado. Se caracteriza por ser mecanicista, determinista, atomística y reduccionista. Por causa de esta cosmovisión, se crearon innegables beneficios para la vida humana, pero también contradicciones perversas como que el 20% de la población mundial controle y consuma el 80% de todos los recursos naturales, generando un foso entre ricos y pobres como nunca antes ha habido en la historia. La mitad de las grandes selvas ha sido destruida, el 65% de las tierras cultivables, perdidas, cerca de 5.000 especies de seres vivos desaparecidas anualmente y más de mil agentes químicos sintéticos, la mayoría tóxicos, esparcidos por suelo, el aire y las aguas. Se han construido armas de destrucción masiva, capaces de eliminar toda vida humana. El efecto final es el desequilibrio del sistema-Tierra que se expresa por el calentamiento global. Con los gases ya acumulados, en el 2035 se llegará fatalmente a un aumento de 2 grados centígrados, y si no se hace nada, según ciertas previsiones, a finales de siglo serán 4 ó 5 grados, lo que volverá la vida, tal como la conocemos hoy, prácticamente imposible.
El predominio de los intereses económicos especialmente especulativos, capaces de reducir países enteros a la más brutal miseria, y el consumismo han trivializado nuestra percepción del peligro que vivimos y conspiran contra cualquier cambio de rumbo.
En contraposición, está compareciendo con más fuerza cada vez, una cosmología alternativa y potencialmente salvadora. Ya tiene más de un siglo de elaboración y alcanzó su mejor expresión en la Carta de la Tierra. Se deriva de las ciencias del universo, de la Tierra y de la vida. Sitúa nuestra realidad dentro de la cosmogénesis, aquel inmenso proceso evolutivo que se inició a partir del big bang, hace cerca de 13.700 millones de años. El universo está continuamente expandiéndose, organizándose y autocreándose. Su estado natural es la evolución y no la estabilidad, la transformación y la adaptabilidad y no la inmutabilidad y la permanencia. En él todo es relación en redes y nada existe fuera de esta relación. Por eso todos los seres son interdependientes y colaboran entre sí para coevolucionar y garantizar el equilibrio de todos los factores. Por detrás de todos los seres actúa la Energía de fondo que dio origen y anima el universo y hace surgir nuevas emergencias. La más espectacular de ellas es la Tierra viva y nosotros, los seres humanos, como la porción consciente e inteligente de ella, con la misión de cuidarla.
Vivimos tiempos de urgencia. El conjunto de las crisis actuales está creando una espiral de necesidades de cambio que, si no son implementadas, nos conducirán fatalmente al caos colectivo, pero que si son asumidas, nos pueden elevar a un estadio más alto de civilización. Y es en este momento cuando la nueva cosmología se revela inspiradora. En vez de dominar la naturaleza, nos sitúa en el seno de ella en profunda sintonía y sinergia. En vez de una globalización niveladora de las diferencias, nos sugiere el biorregionalismo que valora las diferencias. Este modelo procura construir sociedades autosostenibles dentro de las potencialidades y de los límites de las biorregiones, basadas en la ecología, en la cultura local y en la participación de las poblaciones, respetando la naturaleza y buscando el «vivir bien» que es la armonía entre todos y con la madre Tierra.
Lo que caracteriza a esta nueva cosmología es el cuidado en lugar de la dominación, el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser y no su mera utilización humana, el respeto por toda la vida y los derechos y la dignidad de la naturaleza y no su explotación.
La fuerza de esta cosmología reside en el hecho de estar más de acuerdo con las reales necesidades humanas y con la lógica del propio universo. Si optamos por ella, se creará la oportunidad de una civilización planetaria en la cual el cuidado, la cooperación, el amor, el respeto, la alegría y la espiritualidad tendrán centralidad. Será el gran giro salvador que precisamos urgentemente.
Leonardo Boff y Mark Hathaway son autores de The Tao of Liberation. Exploring the Ecology of Transformation, N.Y. 2009.
Por Frei Betto
La crisis financiera desencadenada a partir de setiembre del 2008 exige de todos una profunda reflexión y un cambio de actitudes. Ella encierra una crisis más profunda: la del modelo de civilización. ¿Qué queremos: un mundo de consumistas o un mundo de ciudadanos?
Ante las oscilaciones del mercado actuaron los gobiernos. La mano invisible fue amputada por los hechos. La disparatada desreglamentación de la economía requirió la acción reguladora de los gobiernos. El mercado, entregado a sí mismo, entró en picada y perdió de vista los valores éticos para fijarse sólo en los valores monetarios. Fue víctima de su propia desmedida ambición.
La crisis nos impone hoy cambios de paradigmas. ¿Qué significa la solidez de los bancos ante la escuálida figura de mil millones de hambrientos crónicos? ¿Por qué, en los primeros meses, los gobiernos del G-8 destinaron casi US$ 150 mil millones (hasta ahora ya van 180 mil millones) para evitar el colapso del sistema financiero capitalista y apenas (por cierto que, aunque lo prometieron en L’ Aquila, no lo han cumplido aún) US$ 20 mil millones para aplacar el hambre en el mundo?
¿Qué se intenta salvar: el sistema financiero o la humanidad?
Una economía centrada en valores éticos tiene por objetivo, en primer lugar, la reducción de las desigualdades sociales y el bienestar de todas las personas. Sabemos que hoy más de tres mil millones -casi la mitad de la humanidad- viven por debajo de la línea de la pobreza. Y que 1.3 millones están por debajo de la línea de la miseria. La falta de alimentación suficiente siega cada día la vida de 23 mil personas. Mientras que el 80 % de la riqueza mundial se encuentra concentrada en manos de apenas el 20 % de la población del planeta.
Si no se cambia ese panorama la humanidad caminará hacia la barbarie. Los gobiernos debieran estar más preocupados por el crecimiento del IDH (Índice de Desarrollo Humano) que por el aumento del PIB (Producto Interno Bruto). Lo que importa hoy es la FIB (Felicidad Interna Bruta). Las personas, en su mayoría, no quieren ser ricas, quieren ser felices.
La crisis nos lleva a preguntar: ¿qué proyecto de sociedad legaremos a las generaciones futuras? ¿Para qué sirven tantos avances científicos y tecnológicos si la población no cuenta con servicios de salud accesibles y eficaces, educación gratuita y de calidad, transporte público ágil, saneamiento básico, vivienda digna, derecho al recreo?
No es ético, ni por tanto humano, un sistema que privilegia el lucro privado por encima de los derechos comunitarios, la especulación frente a la producción, el acceso al crédito sin el respaldo del ahorro. No es ético un sistema que crea islas de opulencia rodeadas de miseria por todas partes.
Una ética para un mundo pos-crisis tiene como fundamento el bien común por encima de las ambiciones individuales, el derecho del Estado a regular la economía y a asegurar a toda la población los servicios básicos, el cultivo de los bienes infinitos, espirituales, como más importante que el consumo de bienes finitos, materiales.
La ética de un nuevo proyecto civilizatorio incorpora la preservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable, valora las redes de economía solidaria y de comercio justo, fortalece la sociedad civil organizada como orientadora de la acción del poder público.
El viejo Aristóteles ya enseñaba que el bien mayor que todos buscamos -hasta llegar a practicar el mal- no se encuentra a la venta en el mercado: la felicidad propia. Ahora bien, no teniendo el mercado cómo transformar este bien en un producto comerciable, intenta meternos la convicción de que la felicidad es el resultado de la suma de placeres. Ilusión que provoca frustración y ensancha el contingente de los fracasados espirituales rehenes de medicamentos antidepresivos y de drogas ofrecidas por el narcotráfico.
Lo peor de una crisis es el no aprender nada de ella. Y, en el esfuerzo por amainar sus efectos, no preocuparse por suprimir sus causas. Quizás las religiones no tengan respuestas que nos ayuden a encontrar nuevos valores para el mundo pos-crisis. Pero con seguridad la certeza espiritual de la humanidad tiene mucho que decir, puesto que es en la espiritualidad donde la persona se muestra y se mide. O, en su falta, se ciega y se atora. El ser humano tiene sed de Absoluto.
Suelo advertir a los vendedores que me rodean a la puerta de los mercados: “Apenas si estoy dando un paseo socrático”. Ante miradas atónitas explico: “A Sócrates, filósofo griego, también le gustaba descansar la mente recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando le asediaban vendedores como ustedes, él respondía: “Sólo estoy mirando cuántas cosas existen de las que no necesito para ser feliz”.
P.S. Texto escrito a petición del Foro Económico Mundial, de Davos, 2010.
Frei Betto es escritor, autor de “El arte de sembrar estrellas”, entre otros libros.
Abel Prieto, Ministro de Cultura cubano y miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra liderará el Foro Debate: "Impacto de la crisis global en la calidad de vida y cultura de los pueblos" que se desarrollará el próximo 18 de junio, de 10 a 12 AM (hora de Cuba), y que reunirá a numerosas personalidades, académicos e intelectuales de Cuba y el mundo. El evento dispone de una plataforma en internet abierta a la participación ciudadana. Para acceder puedes clickar AQUÍ.
Hacia la Cumbre de la ONU sobre la Crisis Económica
Este foro pretende recoger las reflexiones previas a la Cumbre de Naciones Unidas sobre la Crisis Económica, pospuesta por los 192 Estados miembros para los días 24, 25 y 26 de junio con el objetivo de dar más tiempo a las negociaciones del documento final y para afinar algunos problemas de agenda entre los participantes.
Las nuevas fechas habían sido propuestas la semana pasada por el presidente de la Asamblea General, Miguel D´Escoto, y finalmente la Asamblea ha decidido aprobarlas esta mañana.
El portavoz de la Asamblea, Enrique Yeves, informó que D´Escoto ha solicitado a los Estados miembros de la ONU que concluyan las negociaciones de la declaración final para el 15 de junio.
Este documento tendrá como base el informe sobre la situación de la economía elaborado por un grupo de expertos liderados por el Nobel de Economía Joseph Stiglitz y presentado a la Asamblea el 26 de marzo pasado.
En ese texto, los especialistas recomiendan transformar la arquitectura económica global con medidas como la sustitución del Grupo de los 20 (G-20) por un Consejo Económico Global que represente a todas las economías del mundo.
